martes, 15 de octubre de 2013

Monografía historia de la Moneda Argentina y el Banco Nación



Monografía:

Historia del Banco Nación
Y
 La Moneda Argentina.










·     Alumnas:
o Billagra Mailen
o  Sardi Priscila.
·     Curso: 5º A
·     Profesora: Alicia Barba.


Fecha de entrega: 15/10/2013

Índice:

Introducción
Desarrollo
Conclusión
Bibliografía
























Introducción:
El trueque (acción de entregar una cosa y recibir otra a cambio, especialmente cuando se trata de un intercambio de productos sin que intervenga el dinero) es la forma más primitiva de comercio. Este sistema presentaba dificultades para las transacciones, por lo cual comenzaron a aparecer distintas formas de "mercancías-moneda" como unidad de cuenta. Estas mercancías como medio de pago, con el cual se pagaba realmente lo que se compraba, tampoco eran prácticas, y como solución se sustituyeron pronto por objetos realizados en metales preciosos. Estos metales preciosos tomaban muchas formas dependiendo del lugar, por ejemplo lingotes, aros, placas, polvo, navajas o cuchillos. Pero razones prácticas y de uniformidad se adoptó la forma circular, en forma de discos de diferentes tamaños pero fácilmente transportables. Así nace entonces, la moneda.
La moneda es una pieza de un material resistente, de peso y composición uniforme, normalmente de metal acuñado en forma de disco y con los distintivos elegidos por la autoridad emisora, que se emplea como medida de cambio (dinero) por su valor legal o intrínseco y como unidad de cuenta. También se llama moneda a la divisa de curso legal de un Estado. Su nombre en lenguas romances proviene del latín “moneta”, debido a que la casa en donde se acuñaban en Roma estaba anexa al templo de Juno Moneta diosa de la Memoria, encontrándose esta actividad bajo su protección. Al lugar donde se realiza la acuñación de monedas se le conoce con el nombre de “ceca” o “Casa de Moneda”. El nombre proviene de una vos del árabe clásico (sikkah), que significa troquel.
En cuanto a la situación económica al comienzo del período cabe destacar que, pesar de que durante la década de 1880 se dio una notable expansión de los factores de producción, tierra, trabajo y capital en el marco de  la estabilidad política lograda tras la asunción de Julio Argentino Roca al poder, estos años de expansión inicial no tuvieron aún como factor dinámico a las exportaciones agropecuarias. Más bien, en esta década, un enorme flujo de inversiones precedió a la expansión de las exportaciones que se registró en las décadas posteriores.
    Esta tendencia fue producto de la necesidad de los inversores y agentes económicos británicos de colocar sus enormes recursos financieros en áreas no sujetas a la competencia de otros capitales no británicos, la existencia de altas tasas de rentabilidad para las inversiones británicas en la Argentina (entre el 10% y el 15% de dividendos en algunos años) y la confianza de los inversores y agentes económicos británicos en las posibilidades exportadoras de la economía argentina.
    Ahora bien, las inversiones británicas en la Argentina impulsaron el desarrollo de la infraestructura básica sobre la cual tuvo lugar la expansión comercial de las décadas posteriores. Este torrente inversor estimuló a largo plazo el desarrollo del comercio exterior. A corto plazo, el peso de las inversiones como componente de las importaciones argentinas superó en importancia al crecimiento de las exportaciones durante la década de 1880, dando como resultado permanentes saldos negativos en la balanza comercial
En el año 1881 se unificaron las monedas en Argentina y a partir de ese entonces han cambiado cinco veces su nombre y a medida que pasó el tiempo perdió nada más ni nada menos que 13 ceros.
El Banco de la Nación Argentina:
La situación financiera durante la presidencia del presidente Carlos Pellegrini no podía ser más afligente. El banco fue creado debido a que el sistema financiero argentino se encontraba colapsado, y en ese momento era necesaria la promoción de la agricultura, la ganadería y diferentes actividades relacionadas con el modelo agro-exportador que se había iniciado en la Argentina a finales del siglo XIX. El anterior Banco Nacional, que había sido fundado por iniciativa del Presidente Avellaneda en 1872, había entrado en quiebra. El gobierno lanzó primero una emisión en papel moneda, pero en cantidad insuficiente para cubrir las necesidades. El público había perdido toda la confianza en los bancos nacionales y de la provincia.
El 1° de diciembre de 1891 se abrían las cajas de una gran institución: El Banco de la Nación Argentina. El nuevo banco llevó a la conciencia pública el convencimiento de que el Banco Nacional correspondía a los dominios del pasado cuyas contaminaciones convenía evitar, y el Banco de la Nación diseñado por el prestigioso arquitecto Alejandro Bustillo con una combinación de estilos clásicos en clave monumentalista respondía al porvenir, al crédito sano y vigoroso del país. Esta institución fue fundada principalmente como un medio para resolver los embates de una devastadora crisis económica que afectaba, en especial, al sistema bancario existente en ese momento.
La obra importante del presidente Pellegrini es de orden financiero y político. Desde el primer punto de vista, basta recordar la duradera fundación del Banco de la Nación, una de las grandes instituciones económico-financieras de la República. Como político, su acción consistió en mantener el orden, constantemente amenazado por el núcleo de la Unión Cívica. Pellegrini luchó tenazmente contra toda propaganda revolucionaria en el ejército y en el pueblo. Se puede afirmar, de él, que presidió el país después de la revolución de 1890, que era un piloto de tormenta.





























Desarrollo:
La institución bancaria de capital enteramente estatal, en pocos años abarcó en su
giro a toda la geografía nacional con 617 sucursales alrededor del país y se convirtió en el mayor banco
comercial argentino. Su objetivo principal es el de ejecutar la
función de agente financiero del Gobierno Federal y, como tal,
recibe depósitos oficiales y realiza pagos por cuenta y orden de
la Nación. Durante toda la centuria participó activamente en los
principales acontecimientos de la vida económica del país.
Tuvo una actitud descollante en la asistencia al sector rural, a tal
punto que contribuyó decisivamente a que la República
Argentina se convirtiera en una potencia mundial en el
segmento de los agros negocios. Otra prioridad del Banco ha sido la atención de las pequeñas
y medianas empresas, como así también a las parcelas de la
población menos favorecidas que cuentan con sus servicios,
inclusive en las localidades alejadas de los grandes centros y de
escasa relevancia económica. A la par de esos compromisos y a tono con las innovaciones
que se fueron produciendo en las últimas décadas en la operatoria
bancaria, la entidad ha diversificado sus líneas de actuación para
ingresar en nuevos segmentos del mercado, especialmente en áreas
no tradicionales, cambiando su manejo hacia prácticas más asociadas
con el mismo, en armonía con las tendencias globales. Sensible a los cambios que se fueron produciendo en las relaciones económicas entre las naciones, el Banco proyectó su quehacer más allá
de las fronteras y luego de habilitar sucursales en los países hermanos
de América Latina (Bolivia, Brasil, Chile, Panamá, Paraguay y Uruguay)
se hizo presente en los centros financieros de mayor nivel internacional
(Estados Unidos de América, Reino Unido, Francia, España y Japón).  La solidez y confiabilidad que alcanzó en la opinión pública, de la que  es testimonio la reciente elección por una importante encuestadora como la marca del siglo en el sector a nivel nacional, constituyen valiosos
atributos que le garantizan una participación destacada en la actividad
bancaria argentina.
En ese entonces cuando Pellegrini fundó el banco nación, Argentina era la séptima potencia económica a nivel mundial y la mayor de Latinoamérica. Era el país con mayor cantidad de líneas férreas de toda América y el gobierno estaba comenzando a impulsar la inmigración desde España, Alemania (Prusia), Italia, Siria y Líbano. Sin embargo el país estaba gobernado por un partido que en cada elección lograba la victoria a través del fraude electoral, el PAN (Partido Autonomista Nacional). El pueblo argentino no vivía en buenas condiciones, los integrantes del gobierno se interesaban más en sus propios intereses que en los nacionales (ej.: Pacto Roca-Rucinman). Las relaciones con países europeos (sobre todo Francia y Gran Bretaña) mejoraron bastante ya que a ellos exportábamos carne, cuero, leche, trigo, maíz, lana, queso...etc. Por otra parte el país estaba pasando por un proceso de industrialización, empresas extranjeras como Ford se asentaron en el país.



HISTORIA DE LA MONEDA

Casa de Moneda de Buenos Aires 1825

De Birmingham a Buenos Aires
La provincia de Buenos Aires consideró en 1814 la primera iniciativa para establecer una ceca en esta ciudad, y al año siguiente estudió la conveniencia de acuñar monedas de cobre, con dictamen favorable de Damián Castro, justo Lynch y Mariano Tagle, quienes aconsejaron dar a las nuevas piezas el nombre de "argentinos".
El proyecto quedó sin resolver hasta que Juan Martín de Pueyrredón, director supremo del Estado, lo elevó al Congreso en 1818 con una Memoria de Miguel Lamberto de Sierra, quien proponía acuñar 19 millones de monedas de cobre en tres diferentes valores en la ceca de Potosí. No pudo ser, pues ese establecimiento estaba en poder de los españoles. Mientras tanto, la falta de monedas en Buenos Aires se acentuaba; los pulperos y otros comerciantes utilizaban fichas de latón para subvenir a las necesidades del cambio menor.
Durante el gobierno provincial de Martín Rodríguez, su ministro Bernardino Rivadavia obtuvo la anuencia de la junta de Representantes para hacer fabricar en el extranjero piezas de cobre, con el fin de suplir el medio circulante del país, "que es insuficiente en el día". Entonces, octubre de 1821, se instruyó a la casa londinense Hullett Hermanos para que mandasen acuñar 50.000 pesos de la nueva monedas.
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Casa de moneda de Robert Boulton
Los valores se habían establecido en 1 y 2 sueldos, al estilo del sistema monetario, francés, con la diferencia de que eran emitidos a nombre de la PROVINCIA DE BUENOS AIRES. Los contratistas se dirigieron a Robert Boulton, famoso industrial especializado en la troquelación de monedas y heredero de la firma Boulton y Watt, inventores de la acuñación a vapor. Boulton, radicado en Soho, Birmingham, estudió la propuesta y sugirió acuñar piezas de igual perfección a la moneda británica de cobre, incluyendo en su presupuesto la confección de los cuños y el envase y traslado hasta Londres. 
Al mismo tiempo envió muestras de la moneda de medio penique que se batía en sus talleres para circular en la isla de Santa Elena, sugiriendo Hullett un diseño similar para los cobres argentinos.
Esta moneda, con las variaciones correspondientes del escudo de Buenos Aires, se tomó como modelo. Así fue como en marzo de 1823 se embarcaron 177 barriles conteniendo cuatro millones de piezas de un décimo de real, que entraron en circulación por decreto del 23 de julio de ese año. Una segunda partida de décimos fue labrada por Boulton en 1823, pero el gobierno suspendió su envío, por la necesidad de "poner lentamente en circulación la nueva moneda".
Estos últimos décimos, que llevan fecha de 1823, fueron embarcados en Londres en diciembre de 1824. Llegaron al país en 1825, en tres remesas que sumaban otros cuatro millones de piezas.  Los cobres porteños de Birmingham muestran en su anverso el escudo de Buenos Aires y son de excelente factura.  Fueron retirados del mercado por decreto del 20 de abril de 1827.
La circulación de los décimos de Birmingham había dejado una buena diferencia al gobierno provincial, que al solicitar a Boulton en 1823 un nuevo presupuesto para la acuñación de oro, recibió del fabricante la sugerencia de instalar una casa de moneda en Buenos Aires, como negocio muy conveniente para el país.  El industrial acompañaba un cálculo aproximado del costo, y proponía instalar dicho establecimiento con maquinarias provistas por él, asumiendo el gobierno el acondicionamiento de un edificio para tal fin.
Con ese motivo se comisionó al ingeniero Santiago Bevans, quien poco tiempo después ofreció tres lugares diferentes como futura sede de la ceca.  Así fue como el gobierno, deseoso de llevar adelante el proyecto, consiguió la sanción de un decreto, el 15 de noviembre de 1824, por el que se lo autorizaba a invertir hasta 80.000 pesos en la compra de maquinarias y útiles para la troquelación de moneda.

En estas circunstancias, febrero de 1825, pasó por Buenos Aires -en viaje de Londres a Santiago de Chile- el naturalista inglés John Miers; anoticiado del asunto, propuso a las autoridades tomar a su cargo la instalación de la ceca, con mayor rapidez y menor costo que el solicitado por Boulton, y ocupándose en persona de los trabajos.

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Medalla de cobre labrada para conmemorar el primer ensayo de la maquinaria de la Casa de Moneda de Buenos Aires
Luego de algunas tratativas se concluyó el contrato, por el cual Miers se comprometía a importar de Gran Bretaña cuatro prensas de acuñar, tres máquinas de laminar, una para cortar cospeles y todos los demás elementos necesarios para la ceca.  El gobierno porteño debía, por su parte, construir la casa de piedra, ladrillos y madera donde funcionaría el cuño.
Miers recibiría la suma de 60.000 pesos en tres cuotas, la primera de 12.000 a la firma del contrato, 25.000 al recibo de las maquinarias y el resto al dejar la casa en funcionamiento.
Si bien la ceca iba a ser instalada por cuenta del gobierno porteño, ínterin (28 de enero de 1826) se había fundado el Banco Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cuyos estatutos lo dotaban de la facultad de acuñar moneda. Por esta razón las autoridades le endosaron la delicada tarea de abrir y operar el troquel. En noviembre de 1826, se ensayó la maquinaria en presencia de Miers y del Directorio del Banco. A partir de 1827, se comenzaron a emitir las primeras monedas de cobre en los valores de 20, 10 y 5 décimos, más una pequeña de 1/4 de real. Las dos piezas más grandes llevaban un ave fénix entre llamas, con la leyenda circular ARDESCIT ET VIRESCIT. Para la acuñación de los 5 décimos (medio real) se utilizaron como cospeles los décimos de 1822 y 1823, que habían sido desmonetizados, lo que puede observarse por los rastros que aparecen en estas piezas.
En 1827, Miers hizo un segundo viaje a Inglaterra para traer herramientas y útiles y también una nueva máquina, pues la encargada en 1825 había quedado en Río de Janeiro, bloqueada por la guerra argentino-brasileña. Tras su partida, las acuñaciones de la casa continuaron regularmente, pero en 1828 surgieron problemas y el Banco suspendió el trabajo en septiembre, dejando cesante al personal: por esa razón tampoco se hicieron emisiones de cobres en 1829. En agosto de ese año, Miers llegaba con las nuevas maquinarias; las tareas de acuñación se reanudaron en 1830, prosiguiendo en 1831, cuando Miers abandonó el país definitivamente.
Pequeñas partidas de 5 décimos siguieron fabricándose hasta 1835, con cuños anteriores. En esa fecha cesaron todas las operaciones, habiéndose acuñado monedas por un valor total de 448.000 pesos; el edificio quedó a cargo del grabador Pedro Miranda. El Banco Nacional fue disuelto en 1836 y reemplazado por una institución similar llamada Casa de Moneda. Es interesante señalar que una buena parte de aquellas emisiones pasó a la Banda Oriental, especulación que dejaba sólidas ganancias a los traficantes, lo que movió al gobierno a prohibir la exportación de cobres en 1838.
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Emisión de cobres federales del valor de 2 y 1 real
En 1840, la escasez de numerario era tan fuerte que el gobierno, por decreto del 11 de febrero, autorizó a la Casa de Moneda a emitir hasta 400.000 pesos en cobres de 2, 1 y 1/2 real. Todas estas piezas llevan la leyenda ¡VIVA LA FEDERACION!
Los troqueles fueron abiertos por el grabador José Rousseau. La acuñación con fecha 1840 continuó el año siguiente, suspendiéndose hasta 1844, en que reaparecieron los cobres, pero únicamente en el valor de 2 reales, batidos sobre delgadas láminas de metal.  
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La ceca reiniciaría su actividad sólo en 1853, con planchas de cobre remitidas desde Londres: las labraciones abarcan el período de segregación de Buenos Aires. En dicho año se acuñaron monedas de 2 reales, valor que tornó a ser emitido en 1854 -cuando la entidad pasó a denominarse Banco y Casa de Moneda-, 1855 y 1856. 
En 1854 se batió por única vez una pieza de 1 real, hoy bastante escasa. En ese lapso se troquelaron monedas por casi 700.000 pesos, resolviendo el Directorio que, por ser suficiente tal suma para la circulación, se paralizaran las acusaciones.
En 1860, fue reabierta la ceca, emitiéndose unidades de 2 reales con fecha 1860 y 1861. Los cuños, cuya confección se atribuye al artista Pablo Cataldi, serían los últimos utilizados en el establecimiento. Las maquinarias quedaron inactivas en la sede del Banco de la Provincia de Buenos Aires -título del Banco y Casa de Moneda desde 1863-, que en 1867 -al iniciar la construcción de un nuevo edificio- las mandó a los talleres del Ferrocarril del Oeste, donde el material fue depositado a la intemperie, para luego ser vendido como metal en público remate. Así terminó la primera ceca de Buenos Aires.
En 200 años de historia, la Argentina tuvo muchos cambios económicos y varias devaluaciones. Pero, curiosamente, sólo cambio 5 veces de moneda de curso legal.

El primer signo monetario fue el Peso Moneda Nacional (m$n), creado en 1881, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, por la ley 1.130. El fin fue crear una moneda comun para todo el territorio y unificar el sistema monetario, hasta ese momento bastante caotico: circulaban pesos fuertes, pesos corrientes, reales y hasta pesos bolivianos.

Para poder emitir el primer signo monetario comun a todo el pais, se creo en 1880 la Casa de la Moneda de la Nacion, que fue la encargada de importar una tecnologia moderna de origen frances que permitio emitir en 1881 los primeros billetes impresos en el pais.

Desde entonces, todas las emisiones monetarias se hacen a traves de la Casa de la Moneda. Desde 1810 y hasta que se creo la Casa de la Moneda, existian tres casas de moneda con un protagonismo regional destacado.

Los Pesos M/N tuvieron larga vida, ya que perduraron hasta 1969. Sobrevivieron a dos guerras mundiales, la decada infame y la Revolucion Libertadora. Pero no por eso no sufrieron cambios, algunos muy curiosos.

En 1897 se sancionO la ley N° 3.505 que autorizÓ a la Caja de Conversión (aún no existía el Banco Central) a modificar los billetes y poner una imagen de la "Esfigie del Progreso" en lugar de los retratos de los presidentes y funcionarios de los últimos gobiernos. Estos billetes estuvieron en circulación hasta 1942, cuando el Banco Central (creado en 1935) decidió emitir sus primeros billetes propios. Pero todavía no se trataba de billetes totalmente hechos en el país, ya que la provisión de papel especial y las planchas de metal grabadas con las ilustraciones alegóricas o de retratos de proceres argentinos, continuaban elaborándose en Europa.

Recién en 1951 se hizo el primer billete integramente impreso en el país. Fue gracias a la incorporación de técnicos italianos a la Casa de Moneda.
En enero de 1970 hubo un cambio drástico: apareció el Peso Ley 18.188 ($ ley). Este nuevo signo monetario vino a reemplazar al peso moneda nacional, y el cambio golpeó duramente los bolsillos de los argentinos: 1 pesos ley equivalía a 100 Pesos Moneda Nacional.

El Peso Ley subsistió hasta 1.983. La inflación lo fue devorando. Llegó a emitirse un billete de 1.000.000 de pesos ley. En ese momento se decidió cambiar nuevamente la moneda, y se creó el Peso Argentino.

El Peso Argentino se creó mediante el Decreto 22.707, durante la presidencia de facto de Reynaldo Bignone. Otro duro golpe para el bolsillo de la gente: cada Peso Argentino equivalía a 10.000 pesos ley.

Pero el Peso Argentino fue la moneda nacional que tuvo vida más corta. En 1985 fue reemplazado por el Austral, que llevó el nombre del plan económico diseñado por Juan Vital Sourrouille, ministro de Economía durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

El Austral (A) se convirtió en la moneda de curso legal el 14 de junio de 1985, cuando Alfonsín firmó el Decreto 1093 que ponía en marcha el Plan Austral, que buscó contener la inflación. Cada austral equivalía a 1.000 pesos argentinos.

Al principio, el Plan Austral parecía exitoso. Pero hacia 1986 la nueva moneda comenzóa perder valor frente al dólar y nunca más se recuperó. En 1989 el Austral se depreció 5.000% anual con respecto al dólar. Y hasta se emitieron billetes de 500.000 Australes.

En 1992, el Austral fue reemplazado por el Peso. Cuando entró en vigencia, cada Peso equivalía a 10.000 australes. Y era igual a un dólar. La convertibilidad duró 10 años. Luego vino la devaluación. Y las cuasimonedas (el Patacón, el Lecop, entre otros, eliminadas en 2003). Pero el mismo Peso sigue siendo la moneda de curso legal.


                             historia
                                    Moneda Actual


Conclusión:
Billagra:
 Partiendo desde uno de los puntos claves del por qué Argentina no pudo llegar a cumplir con el objetivo que le tenían sus dirigentes, de poder combatir la inflación y la crisis económica en la que habían caído se encuentran los políticos, los cuales les impidieron al pueblo cualquier tipo de participación u opinión en la política que causó, también, una crisis social.
La historia Argentina ha atravesado diversos cambios de moneda los cuales dejaban a la vista la crisis atravesada en esa época, y que aún hoy estamos tratando de superar ya que nuestra moneda se sigue devaluando. A pesar de que existan distintas entidades encargadas de enfrentar las complicaciones que sufre nuestro país, se ha tornado muy difícil mantener una estabilidad en el valor de nuestra moneda.
Sardi: A partir de lo investigado anteriormente,  podemos afirmar que el Banco de la Nación Argentina es una entidad muy importante para el país, más allá de sus funciones y su trayectoria. En la visita que realizamos al mismo, resaltaban la confianza que éste brinda al público y resaltaban también la figura de su ‘creador físico’ el señor Bustillo.
En cuanto a la moneda argentina, era necesario la implementación de ésta ya que el trueque y las ‘mercancias-moneda’ presentaban dificultades como forma de compra-venta. Ésta moneda ha sufrido muchos cambios, desde que se unificaron las monedas en Argentina y a partir de ese entonces han cambiado cinco veces su nombre y a medida que pasó el tiempo perdió nada más ni nada menos que 13 ceros, sí, sufrió múltiples devaluaciones no solo por el abuso de los políticos y los ministros de economía nacionales, sino también por influencias extranjeras sobre los políticos argentinos


Conclusión conjunta:
Ambas creemos que nuestra moneda aún puede seguir modificándose al pasar de los años, ya que cualquier crisis tanto económica como política puede llevar a la devaluación de nuestra moneda y eso desencadenar otras problemáticas que lleven a Argentina a pasar por situaciones similares a las que ya hemos pasado en años anteriores.













Bibliografía
http://edant.clarin.com/diario/2010/05/26/elpais/p-02200013.htm
HISTORIA ARGENTINA Y AMERICANA, Ricardo Levene y Ricardo Levene hijo. Tomo II, editorial OMEBA, 1970